El Pan Diario - 15 de marzo 2011

Romanos 8:1 – "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu."

Una de las maneras para entender lo que significa "carne" es la habilidad humana.  El hombre, por su propia habilidad humana, no puede cumplir las promesas de Dios.  Un ejemplo de eso está dado en Gálatas capítulo cuatro, donde Abraham intentó cumplir la promesa de Dios por su propia habilidad humana (Gálatas 4:23,29).  Sabemos que Abraham no desmayó de las promesas de Dios; pero en un punto, él pensó que él podría cumplir las promesas de Dios por su propia habilidad, entonces tomó su concubina Agar como esposa (Romanos 4:20).  Es de la misma habilidad humana de la que habla Romanos 8:3, y esa es la razón por qué la Ley llegó a ser débil.  La Ley era sin poder para impartir la vida, o el Espíritu de Dios, por lo tanto era dependiente de la habilidad y disciplina humana del hombre para cumplir la justicia de Dios (Gálatas 3:21).

Jesús dijo a Nicodemo, un líder de los judíos, que los que han sido nacido por la carne son carne (terrenal o natural). Por lo tanto, la carne puede estar entendida como la habilidad natural humana, o "yo", por lo cual Jesús dijo que Él no podía hacer nada: "no puedo hacer nada por mi mismo;" y por lo cual Pablo dijo que él no sabía nada; y nosotros somos mandados a negarnos (Juan 5:19; 1 Corintios 4:4; Lucas 9:23).  Es esta vida natural que fue sujetada a muerte, y condenada bajo la pena de muerte eterna, por la transgresión de Adán.  Fue también en esta carne, o existencia terrenal, que la Palabra fue hecha, por ende siendo la ofrenda del pecado por toda la humanidad.  Jesús sufrió en la carne, y somos mandados a armarnos nosotros mismos con el mismo pensamiento (1 Pedro 4:1-2).  Así como Jesús fue sujeto a tentación, y sufrió siendo tentado pero no se rindió, nosotros tenemos que ser participantes de lo mismo (Hebreos 2:18; 5:8).  Habiendo sido renovados y restaurados a la gloria de Dios por el Espíritu, tenemos el poder para resistir al diablo, y abstenernos de los deseos carnales, los cuales están en guerra contra nuestra alma.  Ahora que hemos sido nacidos por el Espíritu y vestidos con la gloria de Dios, tenemos el poder para vivir una vida libre del pecado.

Sea Bendito

Pastor Mark Spitsbergen

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