Daily Bread
El Pan Diario - 26 de febrero 2011
Miqueas 6:8 – "O hombre, Él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios."
Justicia, misericordia, y humildad tienen que estar en el centro de todo lo que hacemos. Tenemos que reconocer que la gracia que nos compró, lo hizo por el gran amor que está en el corazón de Dios – Quien nos mostró misericordia cuando todas nuestras vidas eran repulsivas. Dios nos mostró Su amor cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados; y misericordia regocijó de juicio (Romanos 5:8; Colosenses 1:21; Santiago 2:13). Cuando éramos Sus enemigos por obras malas, Dios no nos menospreció, sino entregó Su vida para que podamos ser sanados (Colosenses 1:21-22; 1 Juan 3:16; 4:11; Efesios 5:2). Lo que demanda Dios y lo que Él quiere más que sacrificios es misericordia (Mateo 9:13; 12:7; 18:12-13; Lucas 6:35-36). Sin el amor y misericordia de Dios, no habrá ninguno salvo; y tenemos que entender que Dios demanda que Su misericordia sea revelada a través de nosotros. Tenemos que reconocer que si vamos a ser Sus representantes, entonces tenemos que participar en Su amor y misericordia. Mostrando misericordia y siendo perdonados tiene que ser nuestro modo de vivir (Colosenses 3:12; Mateo 18:21-22). Compasión por otros, misericordia, y benignidad es el fruto del Espíritu que brillarán como una luz en el mundo, destruido por tormentas diabólicas del orgullo y odio.
Dios es rico en misericordia por Su gran amor (Efesios 2:4). Ese mismo amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, y es la evidencia que hemos sido nacido de Dios (Romanos 5:6; 1 Juan 3:14; Juan 13:35). Tenemos que amar a otros fielmente – así como Jesús mostró Su amor para con nosotros. El enemigo de tal amor es interés propio y exaltación propia. Tan pronto que estamos ofendidos, queremos cuidarnos nosotros mismos de nuestro interés propio. Pero en lugar de eso, tenemos que cedernos al Espíritu de gracia, y permitir que Dios nos vista con humildad (1 Pedro 5:5). Es importante entender que solo vamos a andar en los caminos de Dios y hacer estas cosas desde el corazón si estamos listos para caminar en el Espíritu. Cuando caminamos en la instrucción de la palabra y andamos en el Espíritu, entonces camináremos en justicia, misericordia y humildad. Mucha gente religiosa intenta reponer obediencia con ceremonia. Ellos darían el diezmo y mostrarían observancia perfecta a los ritos; pero las cosas más importantes pasarían por alto (Lucas 11:42; Mateo 23:23). Pero para todos quienes crean: ¡ríos de justicia, misericordia, y humildad se derramarán sobre su vida por el Espíritu Santo!
Sea Bendito
Pastor Mark Spitsbergen
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El Pan Diario - 25 de febrero 2011
Efesios 3:20 – "Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,"
¡Dios desea que seamos llenos con toda Su plenitud! Tal cosa va más allá de lo que podemos pensar o pedir, pero Dios está obrando en nosotros para enseñarnos como cooperar con Su vida abundante (Efesios 1:19; 2 Pedro 1:3-4). El don de Dios nos ha proveído de la habilidad de vivir una vida llena de Su naturaleza divina y Su bondad. El don de Dios es una fuente del poder de Dios, saliendo de la profundidad de nuestra alma; es un río de la presencia de Dios fluyendo de nuestras vidas. El don de Dios es el Espíritu del Dios viviente obrando en los que creen. Es la vida de Jesús establecida en nuestras almas (Colosenses 1:27-28; 1 Juan 3:24; 4:4; 2 Corintios 13:5). Este poder glorioso que mora en nosotros es un tesoro del poder divino obrando; para fortalecer y perfeccionar a esos quienes están listos para participar con Su voluntad (Filipenses 2:12-13; 2 Corintios 4:6-7). El poder de Dios que nos ha sido suplido perfeccionará todo lo que nos concierne si estamos listos a obedecer (Hebreos 13:21). Si deseamos caminar en el Espíritu, seremos fortalecidos con toda fuerza para que podamos caminar dignos y seamos fructíferos en toda obra buena (Colosenses 1:11; Efesios 6:10).
La habilidad de hacer todo y tener todo lo que Dios ha propuesto está siendo suplida por el poder que está obrando en nosotros. Hay una dependencia en el poder de Dios que tiene que ser establecida en cada persona. De otra manera, no miraremos a Dios sino en nuestra propia fuerza. Tenemos que creer que este poder mora en nosotros por el Espíritu que nos ha sido dado. Este no es difícil ni místico, pero un acto simple de fe: ¡creyendo que Dios ha venido para morar en usted! Reconozca que es la voluntad de Dios para que viva en la autoridad del hijo, en una vida abundante y próspera, llena de la demostración del Espíritu y poder. Sea convencido que Jesús es Salvador, Sanador, y Proveedor – y que Él suplirá todas sus necesidades según Sus riquezas en gloria. Levántese y brille en el nuevo pacto del poder divino y fuerza, y diga: "Nada es imposible a los que creen". Deja que su corazón sea encendido con la voluntad de Dios y Sus deseos. Entienda que estamos representando a Jesús y el Reino de Dios a toda la humanidad, y crea que todas estas obras que hizo Jesús, hará también. Diga con el Salmista, "bendice, alma mía, al Señor, y no olvides todos Sus beneficios"! Comience a llamar esas cosas que Dios ha prometido, y ha hecho; y empiece anunciar las buenas nuevas de las obras maravillosas de Dios, a si mismo y a los que están a su alrededor.
Hacemos la conexión con el poder de Dios, que trabaja en nosotros, por estar de acuerdo con Su palabra y hablar esas palabras que Dios ha hablado. Hable la verdad y mire lo que pasará; descubra la salvación que viene por confesar la palabra de Dios el cual está llena de poder y vida. La palabra de Dios es viva (Juan 6:63; Hebreos 4:12). Hemos sido bautizados en el idioma del Espíritu para aprender hablar la palabra de Dios por el Espíritu (Isaías 50:4; 28:10-11; 1 Corintios 14:21; Hechos 2:11, 17-18; 19:6; Judas 1:20-21). La operación del Espíritu en nuestra vida es el poder que obra dentro de nosotros, y es la conexión entre nosotros y todo los beneficios y señales y maravillas (Hechos 2:4; 1:8; Juan 7:38-39). Cada dimensión de la obra de Dios resulta por nuestra comunión con Dios en el Espíritu Santo. Mientras cedemos al Espíritu Santo y tomamos seriamente la comisión que nos ha sido dada para avanzar en el Reino de Dios (por ministrar a esos quienes están perdidos, así como edificar a esos quienes creen), hay una revelación del poder de Dios, que aumenta continuamente, en y para nuestras vidas. Si nos diéramos nosotros mismos a hablar la palabra de Dios, y participar con Su voluntad en los dones ministeriales, dadas para revelar el Jesús viviente, entonces podemos tener certeza que fe aumentará – y la habilidad de operar en el poder de Dios engrandecerá (Romanos 12:6; 1 Corintios 14:1, 12; 12:7, 31; Joel 2:28; Tito 2:14; Mateo 25:21,23).
El significado de "dunamis" (poder divino) está entendido por creer que Cristo Jesús vive en usted, y que usted vive en Él. Es reconocido por recibir Su ministerio de bautismo en el Espíritu Santo y fuego. En Pentecostés, "dunamis" fue derramado sobre cada creyente por el Espíritu Santo (Hechos 1:4-8; 2:1-47). Hemos recibido el bautismo del Espíritu para que solamente Jesús pudiera ser visto en la vida del pueblo de Dios. Aunque la palabra griega "dunamis" está usada en la Septuaginta con varios significados, un significado especial está dado por su aplicación en el Nuevo Testamento, en lo cual siempre está usado para el poder divino de Dios para salvar, sanar y proveer. De hecho, una oración sumaria está dada en Hechos 10:38, "Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo". Ganamos revelación acerca del significado de "dunamis" por su aplicación con respecto al poder que salió de Jesús a la mujer con el flujo de sangre, así como el poder que fue derramado sobre los santos en Jerusalén cuando Jesús los bautizó en el Espíritu Santo (Marcos 5:30; Lucas 6:19). Ese mismo poder está trabajando en los que creen ahora; y por ello, ¡Él Todopoderoso es quien desea llenarle con toda Su plenitud!
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Pastor Mark Spitsbergen
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El Pan Diario - 24 de febrero 2011
1 Corintios – "Pero hágase todo decentemente y con orden."
La iglesia es el lugar donde nos reunimos para escuchar a Dios hablar. La única manera que podríamos escuchar a Dios hablar en nuestras asambleas es si esos quienes están reunidos saben rendirse a la inspiración del Espíritu Santo.
La iglesia no es un lugar donde todos comparten sus ideas y opiniones; es un lugar sagrado donde una manifestación del poder y la gloria de Dios , que aumenta constantemente, debería ser revelada. Cualquier cosa que interrumpe la actividad sagrada del Espíritu Santo o forma confusión, esté fuera de orden. Si una individual no esta hablando por la inspiración del Espíritu Santo, entonces, lo que están diciendo debería tener poco, o no importancia en el contexto de la iglesia.
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