Daily Bread

El Pan Diario - 16 de agosto 2012

 

1 Corintios 1:30 – “Pero por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.”   

Santificación y santidad son dos términos intercambiables. La santificación la otorga el Espíritu Santo, que nos enseña y nos empodera a vivir la vida de Jesús.  Santificación es un privilegio que se nos ha otorgado de vivir en Dios y Dios de vivir en nosotros. Oswald Chambers dice en My Utmost for His Highest (En pos de lo Supremo): "Santificación no significa nada menos que la santidad de Jesús manifiesta en mi". También, William Evans comentó en Great Doctrines of the Bible (Grandes Doctrinas de la Biblia): "Si la regeneración tiene que ver con nuestra naturaleza entonces la santificación tiene que ver con nuestro carácter y conducta." Nuestra naturaleza, carácter y conducta deben llenarse con la presencia manifiesta de Jesús.  Es Dios quien nos fortalece en nuestro ser y logra esto por nosotros.  El Señor es quien desea y hace su buena voluntad en nosotros. (Filipenses 2: 13). Es Dios quien hace nuestro camino perfecto, estableciendo todos sus preceptos en nuestros corazones por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo. El nos conduce por caminos de justicia por amor a su nombre y nos aparta del mal. Por medio de la fortaleza del Señor y el poder de su fuerza El nos aparta de todo mal.  Por medio de la fortaleza del Señor y el poder de su omnipotencia; El mantiene alejados todos los males por medio de su propio nombre y poder (Juan 17:15; 1 Pedro l:5; 1 Juan 4:1; 1 Tesalonicenses 5:23).  En esta vida de santificación se nos enseña  a ver siempre al Señor enfrente de nosotros y a nuestra derecha para que nada nos pueda mover.  Por medio de este trabajo de gracia, el Espíritu Santo nos muestra cada paso que debemos tomar sobre el angosto camino de la vida al cual hemos entrado por medio de Cristo Jesús el Señor.

Es el Señor mismo quien nos santifica (Éxodos 31:13; Levíticos 20:8; 21:8; 21:15; 21:23; 22;9; 22:16; 22:32; Ezequiel 20:12; 37:28; Hebreos 2:11).  Dios nos ha dado el regalo de verdadera santidad, y nos enseña como ser siervos de la santidad (Efesios 4:24; Romanos 6:19,22). Pablo subrayó el valor de la santificación cuando dijo “seguid la paz con todos y la santidad sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).  Dios nos ha llamado y nos ha separado para vivir una vida sagrada en Su Lugar Santo.  Nosotros somos el templo de su santidad porque somos el templo del Espíritu Santo.  Mientras Dios nos enseña a caminar como siervos de justicia mediante la obediencia haciendo la voluntad del Padre, nosotros demostramos los frutos de la santidad; lo cual es posible sólo morando en Cristo Jesús (Juan 15:1-6). 

Fue por la ofrenda de Jesucristo que nosotros fuimos santificados (Juan 17: 19; Hebreos 2:11; 10:10,14; Hechos 26:18; Romanos15: 16; 1 Corintios1:2; 6:11).  Por medio de su  muerte, sepultura y resurrección, no vivimos nosotros- nuestras vidas existen en El.  Esto es santificación.  Por medio del poder de Dios, aunque estemos en el mundo no somos del mundo.  El mundo es crucificado a nosotros y nosotros al mundo; esto és santificación (Juan 17:14; 2 Corintios 6: 17; Gálatas 6:14).  Debe haber una dedicación de nuestra parte para cooperar con el Espíritu Santo y estar consagrados a las cosas que Dios claramente ha revelado en su palabra.  Nosotros somos de Dios, y hemos sido santificados por la palabra de verdad.  Si fallamos en obedecer a la palabra de Verdad y rendir nuestros miembros al Espíritu de Verdad, entonces no estamos viviendo la vida de santidad a que se nos ha llamado.  El regalo de santificación que se nos ha otorgado se encuentra en el poder de Dios que cambio nuestros corazones y espíritus por medio del nuevo nacimiento.  Ahora Cristo mora en nosotros y nosotros debemos ser capaces de morar en El: Esto es santificación (Juan 15:1,5; 1 Corintios1:30).  El Espíritu de Santidad (el Espíritu Santo) nos ha santificado con  Su Santidad pero nosotros debemos estar deseosos de permanecer en su relación (1 Pedro 1:2; 2 Tesalonicenses 2:13; Romanos 15:10).  Si la gente de Dios regresara a ser Sus santos, y a habitar en El, entonces, el asombroso esplendor de Su santidad nuevamente será libre de moverse en una forma mayor en las reuniones de Su iglesia.

 

Sea Bendito

Pastor Mark Spitsbergen

Email: This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it "> This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it

Teléfono: 858-566-1700

El Pan Diario Archivos: http://www.abidingplace.org/el-pan-diario.html

 

 

 

 

El Pan Diario - 25 de marzo 2011

Hechos 1:8 – "pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra."

Los discípulos tenían su enfoque en el reino de Israel siendo restaurado, y eran todavía sin conocimiento de lo que actualmente estaba sucediendo.  No sabían que parte tan importante iban a tener en el plan de Dios para los siglos.  Ciertamente Cristo vendría a reinar en la tierra, pero ese reinado empezaría por la evangelización de las naciones por la iglesia.  Una nueva nación había nacido, y una nueva era ya casi de ser inaugurada por el Padre (Mateo 21:43; Lucas 24:49; Hechos 2:1-4, 33; Juan 7:37-39).  El Espíritu Santo ya casi de ser derramado sobre toda carne, el cual empezaría en Jerusalén.  El poder y la autoridad suplida por el Espíritu Santo daría poder a los discípulos para ser testigos de la resurrección y del gobierno y reino de Cristo Jesús.   Descubrirán que el poder y la autoridad dada a ellos también les proveería un lugar para estar sentados juntamente con Cristo Jesús en lugares celestiales, más allá de todos principados y potestades (Efesios 2:6).  Comenzarían la gran evangelización de las naciones que no pararían hasta que "el evangelio del reino" esté predicado en cada nación del mundo (Mateo 24:14).

Hoy la luz a las naciones brilla y la llamada de Dios suena – por el mismo poder glorioso del Espíritu Santo.  Cristo Jesús (la cabeza de la iglesia) está sentado sobre Su trono, y derrama Su unción del Espíritu Santo y poder sobre la cabeza de todos quienes recibirán Su ministerio (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33; Hechos 1:5; 11:16).  Es por esta gloria y este poder que somos equipados para representar totalmente  el Rey de Reyes (Isaías 42:6; 49:6; Lucas 2:32; Hechos 13:47; 26:23; Mateo 5:14).  No es por la sabiduría y habilidad del hombre que esa luz de revelación brilla, sino por el "dunamin" (poder) del Espíritu Santo.  Para pensar cualquiera que pueda representar a Cristo Jesús sin estar vestidos en el Espíritu Santo y fuego es ingenuidad y terquedad religiosa.  A pensar que podemos estar en el lugar de Cristo y suplicar al mundo para ser reconciliados con Dios sin estar vestidos en el ministerio de Jesús es un error total (2 Corintios 5:20-21; 1 Corintios 2:4; 1 Tesalonicenses 1:5).  Cristo Jesús reina hoy, y estamos parados para proclamar paz a todos en Su nombre.  Mandamos las montañas a estar removidas, y los valles a ser llenados, y los desiertos a estar florecidos como el Jardín de Edén; y a cada prisionero que sea libre (Hechos 26:18; Isaías 32:15; Lucas 4:18).

Sea Bendito

Pastor Mark Spitsbergen

Email: This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it

Teléfono: 858-566-1700

El Pan Diario Archivos: http://www.abidingplace.org/el-pan-diario.html

El Pan Diario - 24 de marzo 2011

Efesios 1:17 – "Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él."

Jesucristo es Dios; y Su Dios y Padre es el Padre de gloria.  Jesús dijo a María después de Su resurrección, "ve a mis hermanos, y diles: subo a Mi Padre y a vuestro Padre, a Mi Dios y a vuestro Dios" (Juan 20:17).  Pablo abre su discurso a los Efesios diciendo, "bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo," y luego enfocó más su petición al Padre de Jesús, a quien doblamos las rodillas (Efesios 1:3; 3:14).  Esto es una distinción que Pablo hace muchas veces en sus epístolas.  Él dirige los romanos a glorificar a Dios, tanto como el Padre de nuestro Señor Jesucristo, con una mente y una boca (Romanos 15:6).  Él dijo a los corintios que en el fin, Jesús entregará el Reino al Padre (1 Corintios 15:24-25).  Él dijo a los gálatas que el Padre levantó a Jesús de los muertos (Gálatas 1:1).  Él dijo a los filipenses que cada lengua confesará que Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre (Filipenses 2:11).

Aunque Jesús y el Padre son Dios, una distinción está entre ellos en las epístolas de Pablo más de 40 veces.  Jesús refirió a Su Padre más de 80 veces, dónde Él dice "Mi Padre".  Hay una unidad perfecta y unión que existe entre el Padre, Jesús y el Espíritu Santo – una unidad en que también nosotros podemos compartir.  La gloria de la unión de Dios puede ser totalmente comprendida con respecto a que hemos permitido participar en esta comunión (Juan 17:21-23).  Aunque Dios el Padre, Dios el Señor Jesús y Dios el Espíritu Santo son un Dios, y aunque siempre seremos los sujetos redimidos de Dios: la unión y la unidad que ellos compartan nos ha sido extendida para que podamos tener una comunión más íntima posible con Ellos.

Lo que no puede ser enfatizado suficiente es que Ellos no son tres Dioses, sino un Dios.  Uno puede decir "¿cómo puede ser?"  La respuesta es "¡es un milagro!"  Todo lo del Padre, el Señor Jesús y el Espíritu Santo es milagroso.  Su existencia, Su unión, Su amor, y Sus hechos llega más allá de todo lo que podemos pensar o imaginar.  La Palabra quien fue escondida por el Padre, fue encarnada en la carne, y llegó a ser el Hijo unigénito – por el sólo propósito de redimir a nosotros (Juan 1:1-16; 3:16; Hechos 13:33; Hebreos 1:5; 5:5).  Cuando ya la redención fue cumplida por a el derramamiento de la sangre de Jesús, Dios el Padre y Dios el Señor Jesús enviaron a Dios el Espíritu Santo para entrenarnos, guiarnos, y enseñarnos todos los caminos de la vida de Dios.

Sea Bendito

Pastor Mark Spitsbergen

Email: This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it

Teléfono: 858-566-1700

El Pan Diario Archivos: http://www.abidingplace.org/el-pan-diario.html

Page 1 of 25